El Binominal: la partícula de Pinochet

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El mundo ha quedado impactado con el descubrimiento del Bosón de Higgs, la llamada “Partícula de Dios”; una metáfora que busca ilustrar los límites de la Física de hoy.

En el mismo día que fue anunciado este descubrimiento, se rechazó el intento de modificar el sistema electoral por la vía de poder aumentar la cantidad de diputados, probando esa capacidad del Binominal de sobrevivir a cuanto ataque reciba.

Más aún, ese mismo día se conoció el testamento de Pinochet, que dejó 26 millones a sus familiares directos. Al sistema político y a todos los chilenos nos dejó su creación más perfecta: el binominal.

Ocupando otra metáfora física, el Sistema Binominal es un Perpetuum Mobile, que contradice la segunda ley de la Termodinámica, ya que por la vía de los altos quorums que requiere para su cambio y lo conveniente que es para muchos actuales parlamentarios, logra perpetuar su existencia a lo largo del tiempo.

Este sistema electoral es prácticamente único en el mundo, y como señaló en su momento Arturo Valenzuela, rompe una antigua tradición de multipartidismo reduciendo el sistema político a dos coaliciones a las que se les asegura tener prácticamente la mitad de parlamento y por tanto negociar las leyes fundamentales, con el resto de los actores sentados en la gradería mirando.

Si fueran otros los tiempos, la declaración de algún coronel UDI que no es prudente seguir discutiéndole y la oposición subterránea de figuras importantes de la Concertación a su cambio, habría sido tema suficiente para que no se siguiera hablando de ellos. Pero hoy la calle manda, y la indignación nacida de la mala distribución de la riqueza y también al poder, tiene a nuestra clase política bajo amenaza, así que algo hay que hacer.

Han aparecido varias propuestas que implican cambios al sistema binominal y hay abundante literatura de las ventajas y desventajas de la democracia respecto de cada una de ellas, pero muy poca de a quienes en particular favorece o perjudica.

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