OPINIÓN: Los pobres siguen esperando.

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La Cepal dio un argumento políticamente correcto: expresó que Chile había “alcanzado la madurez institucional y técnica para desarrollar con autonomía este proceso, haciendo innecesaria la continuidad de la colaboración”, poniendo fin a un cuarto de siglo de apoyo.

El gobierno diseñará una nueva institucionalidad estadística, la cual se ocupará también en medir la evolución de la pobreza en el país. Esta no es una reforma modernizadora de la administración sino una reacción tras el intento fallido de mostrar logros donde no los había. El gobierno de Piñera no ha logrado bajar la pobreza en Chile.

Esto lo ratificó el ex jefe de la unidad de estadísticas e indicadores sociales de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), el organismo que participaba en esa tarea, Juan Carlos Feres. Mientras, Andrés Hernando, hoy ex jefe de la División de Estudios del Ministerio de Desarrollo Social, la cartera responsable de la realización del estudio sobre esta materia, renunció a su cargo argumentando que “yo advertí que la baja de la pobreza no era significativa”.

Por lo tanto, cuando el 20 de julio Sebastián Piñera y el Ministro de Desarrollo Social, Joaquín Lavín dieron a conocer los resultados de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen 2011), y anunciaron una baja de 0,7% en el número de personas pobres respecto del mismo sondeo de 2009, estaban eliminando por secretaría 125 mil pobres.

Esta “baja histórica” se cocinó a través de una nueva pregunta en la Casen 2011 sin respaldo en los criterios técnicos habituales (conocidos como pretest), además ausente en mediciones anteriores, lo que hacía incomparables los resultados con los obtenidos en los estudios de los gobiernos precedentes. A fines de julio el gobierno se expresaba orgulloso de que una administración de derecha también era capaz de reducir la pobreza. Recordemos que los gobiernos de la Concertación bajaron la pobreza en Chile desde 38,4% en 1990 a 15,1% en 2009 (la disminución de la indigencia en el mismo período fue de 12.8% a 3,7%), según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Casi un mes después un grupo de destacados economistas emitió una declaración pública en que desmintió que una comisión técnica que en el 2011 analizó la encuesta Casen recomendara dos muestras en distintos momentos, como informó La Moneda (el Gobierno hizo la primera desde el 17 de octubre hasta el 13 de noviembre y la segunda desde el 13 de noviembre hasta el 15 de enero).

También los investigadores resaltaron que la Encuesta Casen se realizó el mismo mes en que la administración entregó un bono de $10.000 a las familias más pobres, modificando los resultados y afectando su comparación; que la ficha técnica que acompañó a la encuesta estaba incompleta (no tenía el error muestral), y que el Ministerio no explicó técnicamente las modificaciones en los “objetivos de precisión y tamaño de la muestra” ni el impacto de la nueva pregunta sobre los ingresos autónomos de los hogares.

El gobierno dejó pasar 49 días (probablemente ideando una salida al problema) antes de entregar la base de datos del estudio. El Ministro Lavín el 8 de agosto guardó un incómodo silencio cuando fue consultado en público por el director del departamento de Economía de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, Dante Contreras, en un seminario el Centro de Estudios Públicos, CEP.

La reputación internacional de Chile no es inmune a los intentos de manipulación de las estadísticas oficiales. Medios de comunicación influyentes como The Economist, The New York Times y Financial Times alertaron sobre el hecho. Cuando la crítica al gobierno se internacionalizó, la Cepal, organismo de las Naciones Unidas creado en 1948 para colaborar con los gobiernos del área en la investigación y análisis de los temas sociales y económicos, comunicó que no continuará colaborando con el Estado de Chile en la evaluación de la Casen, que desde 1987 mide la pobreza en el país. El organismo de la ONU otorgaba seriedad y confianza, en una región, Latinoamérica, que acostumbra a ser opaca con las estadísticas.

La Cepal dio un argumento políticamente correcto: expresó que Chile había “alcanzado la madurez institucional y técnica para desarrollar con autonomía este proceso, haciendo innecesaria la continuidad de la colaboración”, poniendo fin a un cuarto de siglo de apoyo.

El Gobierno, a través del Ministro Lavín, dijo que Chile “no necesita de ningún organismo internacional para calcular su pobreza. Tiene técnicos y profesionales capacitados”; pero poco antes, mientras la Cepal guardaba silencio frente a la polémica, el Secretario de Estado decía que el organismo era “el gran garante” de las cifras, al mismo que acusó de ser pro Concertación después que Juan Carlos Feres responsabilizó al gobierno de “sobre presencia”, una manera diplomática de referirse a la presión del oficialismo.

Mientras esto ocurre miles de compatriotas esperan en la pobreza.

Por Fulvio Rossi / Vía: ElDinamo.cl

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