OPINIÓN: Temblor Municipal

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La Concertación se benefició de su voto histórico, duro, y los candidatos de derecha no lograron captar su voto que está igualmente desencantado. Es razonable pensar, a estas alturas, que esas condiciones no cambiarán mucho para las presidenciales.

Era obvio, y así lo sostuvimos muchos, que estas elecciones iban a ser distintas. La inscripción automática y voto voluntario, los movimientos sociales, la baja aprobación del gobierno, los problemas y división de la Concertación, una carrera presidencial a punto de comenzar, iban a transformar cualquier predicción respecto el comportamiento electoral en pura conjetura. Aún así, nadie esperaba esto. Ha sido un temblor bastante fuerte.

La sorpresa fue producto de dos elementos. Primero, las encuestas, muchas de las cuales fueron telefónicas, no brindaron predicciones muy precisas. Y segundo, se comenzó a armar entre la oposición, y particularmente en los últimos días de la campaña, un verdadero pánico respecto el voto voluntario. Poniéndose el parche antes de la herida, la oposición construyó una narrativa de que la baja participación, resultado del voto voluntario, la castigaría. Basándose en una lectura básica de la literatura especializada, aprendió que uno de los efectos del voto voluntario es que los sectores de menores recursos y menor capital social no votan cuando no tienen que hacerlo.  Supuso, adicionalmente, que estos sectores suelen votar por la centroizquierda. Su pesadilla era algo así como una tasa de participación de 91% en Las Condes comparado con una de 19% en Maipú. Esto, sumado a un nuevo escenario político en que los jóvenes declaraban su rechazo a ‘la clase política’ y a la mala evaluación de la forma en tanto gobierno como Concertación han manejado las demandas sociales, hizo que la oposición entrara.

No se tomaron en cuenta dos cosas que ahora se pueden ver con más claridad. Primero, si bien el rechazo a la clase política es real y preocupante, los que rechazan lo hacen desde la calle o desde la casa, pero no desde las urnas. El temor a ser castigado por la baja participación fue exagerado, porque al final lo que se cuenta son los votos de los que participan. Como el poder político se sigue consiguiendo a través del voto, la estrategia de algunos sectores de ‘funar’ las municipales fue un desastre, excepto en la siguiente dimensión: el continuismo de los dos sectores principales como los actores dominantes del juego político le permitirá a aquellos que hacen carrera, desde los márgenes, a seguir estando ahí.

La segunda dimensión es la porfiada continuidad de nuestro sistema. Lo que quedó del desencanto, entre los que sí optaron por ejercer su derecho a votar, se dirigió hacia la oposición en proporciones no disímiles a lo que ha sido su tendencia post-88.  La Concertación se benefició de su voto histórico, duro, y los candidatos de derecha no lograron captar su voto que está igualmente desencantado. Es razonable pensar, a estas alturas, que esas condiciones no cambiarán mucho para las presidenciales. La Concertación tendrá un piso bastante sólido, la Coalición tendrá una votación agotada y poco convencida, y los desencantados se quedarán en la casa.

Algunas conclusiones adicionales:

1)     Como dijo el Presidente Piñera, todos los partidos tienen que sacar lecciones. Sin embargo, los resultados son parecidos a los que ha sacado el oficialismo en encuestas de opinión pública durante muchos meses, y más allá de pequeños ajustes comunicacionales (un presidente menos visible, por ejemplo) no se ven señales de cambio concreto.

2)     Muchas de las derrotas emblemáticas fueron posibles solamente porque en las municipales no usan un sistema binominal. Un cambio al sistema electoral para las parlamentarias haría mucho para mejorar el funcionamiento del voto voluntario.

3)     La inspiración importa. En un sistema con voto voluntario, hay que inspirar al votante a salir de su casa a votar. En Providencia los ciudadanos no solamente se animaron a votar, sino que a inscribirse en la comuna con el objeto principal de derrotar a Labbé. El otro lado de la misma moneda es el acarreo. Para evitar aquello, será importante repensar la forma en que se financia la política en Chile, insistir en la transparencia de las donaciones, y limitar el gasto electoral. Esos serán temas para el próximo año.

4)     La Concertación no esta muerta como fuerza política a pesar de las críticas del público y del gobierno. Pero no debe tomar estos resultados como una señal de que todo esta bien. El principal problema de la Concertación – la falta de renovación de su programa y sus personas – sigue vigente, y en vista de un posible triunfo en 2013, es más urgente que nunca.

5)     Golborne ha insistido tanto que es el heredero natural que ahora tendrá que hacerse cargo de este lío. De no hacerlo, le entregará la batuta a Allamand, quien con olfato de político experimentado, se quedó tranquilo en su ministerio.

Finalmente, queda claro que como todo temblor, las municipales cambian el escenario político, se mueve un poco el piso, algunas cosas se caen y se rompen, otras sobreviven. Pero el susto dura pocos días, y en este caso tenemos unos 10 días hasta un cambio de gabinete, en la medida que los presidenciables tomen sus decisiones, y el presidente tome las suyas también.

Mientras tanto, en un departamento en Nueva York, una señora se anima a hacer las maletas.

Por: Robert Funk / Vía ElDinamo.cl

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