El luto de Josefa Errázuriz

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Ganó y se convirtió en uno de los rostros de las últimas elecciones municipales. Pero debajo de su alegría triunfadora, Josefa Errázuriz tiene una pena que ha debido ocultar. Doce días antes de destronar a Cristián Labbé en Providencia, la candidata independiente enfrentó la inesperada muerte de su marido. Esta es la historia de su escondido duelo personal.

Celebrando arriba de un camión repartidor de gas, frente a la Municipalidad de Providencia el domingo pasado, Josefa Errázuriz (60) era todo lo que había luchado por ser. Sólo que había un detalle que la apretaba por dentro: su marido, Lorenzo Brugnoli, arquitecto y profesor de la Universidad de Chile, había fallecido el 16 de octubre, en la Clínica Santa María, a los 74 años, dejando repentinamente vacía la mitad de la casa que compartían en la calle Silvina Hurtado. Esa casa de dos pisos que Errázuriz compró en 1986, es un lugar que a la alcaldesa electa le sigue recordando a Brugnoli. Los motivos sobran: él la ayudó a escogerla, pegó autoadhesivos de la campaña de su mujer en la reja de la entrada y eligió el actual color “helado lúcuma Panda” -así, textual, lo pidió él- de las paredes. Errázuriz dice que antes eran blancas.

Días antes de su triunfo, sentada sobre un sofá gris, a la derecha de un mueble desde donde la observan retratos de un Brugnoli de veintitantos años, la alcaldesa electa de Providencia describe los últimos años juntos en Silvina Hurtado como los de un lugar donde, de pronto y debido a la construcción de edificios demasiado altos alrededor, los jazmines del patio dejaron de florecer. Una casa donde, cada vez menos iluminada por el sol, comenzaron a comer más veces con las ampolletas encendidas, mientras ella y Lorenzo envejecían en un dormitorio que se oscurecía de a poco.

Josefa es la menor de cuatro hermanos -uno de ellos, Octavio, es embajador ante las Naciones Uni- das-. En septiembre de 1973 se casó con Sigfredo Germán Schneider. Con él tuvo dos hijos, Catalina y Nicolás. El matrimonio duró hasta 1984, un año después de que muriera el padre de Errázuriz y dos más tarde que el fallecimiento de la madre. Según su hermano, el abogado Manuel Errázuriz, eso no es una coincidencia: “El matrimonio de la Pepa yo lo veía hace mucho rato mal. Pero ella esperó a que se murieran mis padres. Creo que lo hizo para no darles un disgusto”.

Paralelamente, Lorenzo Brugnoli, que también se había separado y tenía tres hijos, pasaba mucho tiempo en la casa de su hermano Francisco, quien estaba casado con Virginia Errázuriz, la hermana mayor de Josefa. Pronto se conocieron y en 1988 se casaron. No tuvieron hijos. “El acogió una parte de mi hermana que ella no expresa mucho, que son sus sentimientos. Ella todo lo guarda”, señala Manuel.

Antes del martes 16 de octubre, Josefa Errázuriz tenía su cabeza puesta en otras cosas. En los focus groups con vecinos de la comuna, en el look de la campaña que había trabajado con Angel Carcavilla y en las reuniones del comité político de cada domingo, que duraban dos horas, se hacían en las casas de distintos integrantes y donde podían llegar personas como Ricardo Solari, Jorge Burgos, Oscar Guillermo Garretón, Giorgio Jackson y Cristóbal Bellolio, además de la propia Errázuriz y Juan Eduardo Donoso, un antiguo compañero de dirigencia vecinal que, además, era su jefe de campaña.

En esos asuntos, su marido ya no participaba. Pasaba que Brugnoli había tenido este año dos infecciones urinarias que lo debilitaron y relegaron a labores domésticas. Dice Josefa: “Lorenzo asumió mucho la casa en términos de ir a las compras del supermercado y verduras. Cosas que a mí me costaba más hacerlas. El fue más bien una contención emocional e intelectual”.

El lunes 15, ella suspendió su agenda -excepto el comité político que se había reprogramado para ese día a las 19.00- para estar con Brugnoli, quien al día siguiente sería operado. A raíz de sus infecciones urinarias, los doctores se dieron cuenta de que tenía la próstata muy inflamada. Dice Josefa: “Eso estaba programado para el 4 de octubre. El doctor tuvo un problema y decidimos los dos postergarlo hasta después de las elecciones. Pero el doctor dijo no, no se puede esperar”.

De la noche del lunes, antes de despertar el martes a las 7.00 para una operación que comenzaría a las 9.30, Errázuriz dice esto: que con Brugnoli se durmieron felices.

Josefa Errázuriz estaba en la Clínica Santa María, esperando el resultado de la operación, cuando el médico tratante la llamó. “Entré y me empiezan a vestir como para entrar a pabellón -cuenta Errázuriz-. Yo digo ¿qué es esto? Y me mandan a una oficina dentro de pabellón donde había que pasar curvas y curvas. Llegamos y ahí aparecen enfermeras. Me decían: ¿Quiere una Coca Cola, un café? Yo les dije que no, que quería un médico. Ahí llegó el doctor con una segunda doctora y me contaron. Pregunté todo lo que podía preguntar. En ese momento yo todavía tenía súper harta fe. Decía no, esto no le va a pasar. Hasta que asimilé que eran 25 minutos de paro cardíaco. Y que quedara con muerte cerebral, no. Fui súper clara con el doctor. Le dije que hicieran todo lo que estuviera de su parte, pero que por favor no me entregaran una plantita”.

Los médicos de la UCI dijeron que a Brugnoli, que seguía anestesiado, no lo podían estabilizar. Que ya cerca de las 17.00 no tenía actividad cerebral. Cuenta Manuel Errázuriz que su hermana le dijo: “Lorenzo sólo va a empeorar, ¿qué vamos a hacer? Yo le dije: ¿Qué quieres hacer tú? Me dijo: ‘Yo prefiero un Lorenzo muerto, aunque me duela el alma, que un Lorenzo vegetal para el resto de sus días’. Porque para él, eso hubiera sido un calvario”. Murió a las 18.30.

Josefa relata lo que pasó después: “Me vine con mis dos hijos a la casa. Lloramos mucho. Estuvimos muy juntos. Cada uno vivió su duelo. Yo tenía mucha pena. Mi hija tenía mucha rabia. Traté de dormir y, efectivamente, pude dormir hasta las 4. Me senté en mi cama como para decir ahora qué hago. Fue tan intempestivo, no tenía nada preparado”.

Se encerró por cinco días para vivir su duelo. Estuvo en su casa, jugando con su nieta Rafaela, hija de Catalina, sin contestar el teléfono, llorando a ratos y sin intenciones de salir, aunque le faltara comida. Su campaña siguió andando: Juan Eduardo Donoso mantuvo en la calle a su equipo, que se había armado para las primarias de mayo, y a los voluntarios.

La misa por su marido se hizo en la iglesia La Sagrada Familia, de Pedro de Valdivia Norte, el 17 de octubre. Ahí, dice Manuel Errázuriz, “sólo habló mi hermana. Habló de lo que era para ella Lorenzo y lo que le debía. Eso fue lo que más me impactó: fue capaz de hablar en público de lo que ella sentía por él. De lo que Lorenzo significaba”. La familia pidió un funeral privado, que terminaría con la incineración del cuerpo en el Parque del Recuerdo, para que no se pensara que Errázuriz pretendía sacar provecho político de la muerte de Brugnoli. Además de los parientes, también se les permitió entrar a los alumnos y ex alumnos de Brugnoli. Josefa dice que, dentro del féretro, ella misma puso el plumón rojo con que su marido corregía los trabajos universitarios.

Josefa Errázuriz regresó a la campaña el lunes 22, en una conferencia de prensa en el Drugstore a las 11.00. La preparó pocas horas antes. Ahí, el diputado DC Jorge Burgos le entregó un libro de regalo: La historia del amor, de la norteamericana Nicole Krauss. La novela se centra en la historia de un anciano que quiere reconciliarse con su pasado y la de una adolescente que busca aliviar la soledad de su madre.

Desde que su marido falleció, Errázuriz dice que muchas cosas la hacen acordarse de él. “Yo espero entrar a la casa y que me diga CNN dijo tal cosa. O que llegue de clases y me diga: mira, hoy día estuve con no sé quién, que me dijo que dijiste no sé cuánto. Y no está. De hecho, duermes en la misma cama donde ya no hay un cuerpo al lado. Además, yo era una fregada. Si me despertaba a las 4, me aburría. Entonces le golpeaba el hombrito y le decía: ‘Yo ya desperté, ¿podemos conversar?’. Y ahora hago toc, toc, toc y hay una almohadita que no me va a contestar”.

Durante su última semana como candidata recuperó la sonrisa en la calle. Y eso, esa entereza, la asombró a ella misma. Aunque dice que siempre ha reaccionado así. “El día que me separé, con dos hijos chicos, fue un momento súper difícil y tuve la misma reacción. No dejé un minuto de ir a trabajar. Ni un minuto de estar las 18 horas que estaba dentro de la oficina. En las muertes de mis padres, que también fueron muy difíciles, en ningún momento me resté de mis hijos. Yo creo que tengo un temple importante. Mi madre decía que yo no era hija suya, que era hija de la vaca. ¿Por qué la vaca? Porque yo era fuerte y ella no”.

Hubo un momento el miércoles 24, después de un foro al que fue invitada en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile, donde Errázuriz pudo comenzar a hacer las paces con el destino que le había quitado a su marido. “En esa facultad hay un santito, una grutita, que se llama San Guatita. Dentro hay una figura como la de un franciscano gordo. Y a San Guatita los alumnos le piden protección frente a las correcciones. A veces yo iba a buscar a Lorenzo y él se reía, porque de repente leía: ‘San Guatita, ayuda a que el Gruñoli me apruebe’. Ese día fui a ver a San Guatita y le dejé un sticker mío como diciendo bueno, ahora tienes que ayudarme a mí”.

Los resultados de las elecciones la dieron ganadora con un 56,06% de los votos, sobre el 43,93% de Labbé. Ella le dedicó en público su triunfo a Lorenzo Brugnoli.

Dice Josefa Errázuriz que desde que murió su marido no ha podido soñar con él. “Yo tengo a la Carmelita, la señora que trabaja con nosotros hace 25 años. Ella siempre sueña con mi papá y ha soñado con Lorenzo. Yo, la verdad, no he podido. Pero quiero”.

Su hermano Manuel sabe que ahora vendrán tiempos emocionalmente complicados para su hermana. Se lo advirtió ese día en la clínica, luego de la muerte de Lorenzo: “Mira, Pepa, debes estar firme. El 28 de octubre, después de la elección, te sueltas los elásticos. Ahora te los amarras”.

Por eso, él sostiene que “la Pepa no ha hecho su duelo y yo quiero que este fin de semana largo lo haga. Que se entregue, nos vayamos donde ella quiera, la acompañe quien ella quiera y haga su duelo. Que suelte las amarras, se desenchufen los celulares y llore lo que tenga que llorar”.

Vía: LaTercera.cl

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