CIPER Chile: Arzobispo Ezzati sanciona a Precht

Entrevista a Padre Cristian Precht

El ex vicario de la Solidaridad, Cristián Precht, fue sancionado por la Iglesia por “conductas abusivas” contra “mayores y menores de edad”. La pena impuesta es la prohibición para ejercer públicamente el ministerio sacerdotal durante cinco años. Tampoco puede confesar y dirigir espiritualmente a jóvenes. Precht tiene un plazo de 60 días para apelar a Roma. Uno de sus acusadores, Jorge Cantellano, escribió para CIPER y pide al gobierno la creación de una comisión nacional que investigue todos “los abusos sexuales a menores cometidos –y encubiertos- en instituciones religiosas”.

El ex vicario de la Solidaridad, presbítero Cristián Precht, fue sancionado por la Iglesia con “la prohibición del ejercicio público del ministerio sacerdotal por un período de cinco años”, como resultado de la investigación eclesiástica por abusos sexuales cometidos “con mayores y menores de edad”. Asi lo informó este jueves 6 el obispo auxiliar de Santiago, Cristián Contreras Villarroel, en un comunicado de nueve puntos difundido en las páginas web del arzobispado capitalino y de la Conferencia Episcopal.

El comunicado (vea la versión oficial) señala que el arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, quien impuso la sanción, tiene “la facultad de ampliar el plazo indicado por el tiempo que estime conveniente”. El castigo también le impide a Precht “administrar el sacramento de la confesión y la dirección espiritual a jóvenes y menores de edad”. La sanción fue informada por el obispo Contreras, debido a que Ezzati viajó en la tarde del mismo jueves 6 a Roma, para participar en un encuentro con el Papa Benedicto XVI.

El 28 de junio pasado el arzobispo Ezzati comunicó públicamente que se habían constatado como “verosímiles” las acusaciones contra Precht por “conductas abusivas con mayores y menores de edad”. Al haber menores involucrados en las denuncias, el arzobispado estaba obligado a derivar el caso a la Congregación Para la Doctrina de la Fe, con sede en Roma, la única con competencia para indagar hechos que están prescritos debido a que han pasado más de 20 años desde que las víctimas cumplieron la mayoría de edad. Según informó el comunicado firmado por el obispo Contreras, el arzobispo Ezzati pidió a dicha Congregación que derogara la prescripción, para poder continuar en Chile el proceso contra Precht.

“En reciente respuesta, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha comunicado al Arzobispo de Santiago la resolución emanada de ese Dicasterio, en que establece la comprobación de las mencionadas conductas abusivas y la conformidad con la petición de derogar la prescripción, en atención a la gravedad de los hechos denunciados”, dice el texto difundido este jueves 6.

De esta forma, el arzobispo Ezzati emitió un decreto donde establece las sanciones contra Cristián Precht, quien de ahora en adelante debe fijar su residencia en acuerdo con la autoridad eclesiástica santiaguina, pedir su autorización para salir del país y llevar “una vida de oración y penitencia”. Si no cumple con estas instrucciones, se expone a un castigo mayor.

El ex vicario “tiene derecho a apelar a través de un recurso a la Congregación para la Doctrina de la Fe, en el plazo de sesenta días hábiles”, dice el comunicado.

“Hemos querido actuar con prontitud acogiendo en derecho y en justicia los relatos de las demandas de las personas denunciantes (…). Queremos renovar nuestro compromiso institucional para actuar con diligencia, eficacia y, sobre todo, con imperativo evangélico y procurar ambientes seguros para todas las personas”, indica el mismo texto.

UNA VEINTENA DE TESTIMONIOS

En junio pasado, CIPER dio a conocer los primeros antecedentes sobre la investigación que inició el Arzobispado de Santiago -denominada “proceso administrativo”-, con relación a  las denuncias por abuso sexual en contra de Cristián Precht. El informe que recibió el arzobispo Ricardo Ezzati en esas fechas contenía cerca de 20 testimonios de abusos cometidos contra varones que tenían entre 15 y 35 años cuando fueron objeto de las supuestas agresiones. “Masturbaciones”, “besos en la boca” y “caricias en el pecho que iban bajando”, son algunas de las conductas descritas por los denunciantes. (vea el reportaje “Investigación eclesiástica contra Precht reunió una veintena de testimonios de abusos sexuales”)

En esa oportunidad, CIPER obtuvo el primer testimonio público de uno de los denunciantes, Jorge Cantellano, quien tenía 19 años al momento de conocer a Cristián Precht. Según su relato, ambos coincidieron durante su proceso de discernimiento vocacional y denuncia que, durante una noche en que compartieron habitación, el sacerdote le exhibió sus genitales y le pidió que lo tocara.

Este testimonio se incluyó en el informe que recibió monseñor Ezzati, quien resolvió enviar los antecedentes a Roma, por existir denuncias de posibles víctimas menores de edad.  El caso dio origen a una investigación eclesiástica, en el seno de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la que tras cinco meses de indagaciones entregó su veredicto. Durante este periodo, Cristián Precht optó por mantener su estado sacerdotal y preparar su defensa, la que encargó al presbítero Raúl Hasbún.

La denuncia que originó la investigación contra Precht fue formulada por la familia del sicólogo Patricio Vela Montero, quien a los 29 años se quitó la vida cuando residía en Estados Unidos. Vela se suicidó sólo unos días después de haber recibido la visita del sacerdote. Precht tenía una estrecha relación con el sicólogo desde la época en que éste era menor de edad y también mantenía un fuerte vínculo con su familia.

HABLA UNO DE LOS ACUSADORES

El siguiente texto fue redactado por Jorge Cantellano, uno de los acusadores de Precht, quien pide al gobierno y al Congreso Nacional formar una comisión investigadora, independiente de las iglesias, que investigue todos los abusos sexuales cometidos en instituciones religiosas:

Acabo de ser informado por el vicario judicial del Arzobispado de Santiago, prebistero Jaime Ortíz, de la resolución del Vaticano en el caso de los abusos de los que fue acusado el sacerdote Cristian Precht, donde yo fui uno de los testigos. Lo primero que deseo hacer es agradecerle a Jaime Ortíz el haber procedido de esa manera. Porque este es un momento de sentimientos encontrados.

Por una parte, es un signo de que la Iglesia Católica empieza un camino para mirar hacia su interior y reconocer sus pecados. Y lo más importante: muestra que desea examinar cuáles son las causas de sus errores.

Por otra parte, en lo personal, siempre guardé la esperanza –o quise creer- que Cristián Precht solo tuvo uno o dos momentos de debilidad, en los cuales no pudo contener sus tendencias sexuales naturales. Pero claro, no hay nada de natural en el hecho de que un personaje mayor de edad y con imagen de poder se aproxime a jóvenes dando la posibilidad a situaciones intimas.

Lo siento por Cristian Precht y su Iglesia, pero es bueno que la verdad se manifieste.

Pienso que el significado del “Caso Precht”, es que manifiesta una cultura, una práctica entre no muy pocos dentro de la Iglesia consagrada. Por consiguiente, es necesario que todo aquel que de alguna manera es, o fue parte de esta práctica, reconozca sus errores.

Las pedidas de perdón de la Iglesia como entidad no sirven si sus miembros no manifiestan sus responsabilidades personales, en forma previa a que una acusación obligue a la institución a reconocer sus culpas.

Sin embargo, todavía hay una alta cuota de responsabilidad de la Iglesia Católica como institución.  Y ello, porque existen múltiples evidencias de que se trata de una situación generalizada y arrastrada por muchísimos años. Cualesquiera sean las causas, ellas han sido generadas como consecuencia de las políticas internas de la institución eclesial.

Como chileno nacionalizado australiano, y como sobreviviente de un intento de seducción sexual por parte de un destacado representante de la Iglesia Católica chilena, quiero congratular a la Primera Ministra de Australia, Julia Gillard, y a todos los parlamentarios australianos, por haber decidido crear una comisión investida de amplias facultades para investigar el abuso sexual dentro de todas las instituciones de este país. Los políticos de Australia han dado con ello un tremendo ejemplo al mundo al ordenar que se investiguen los abusos sexuales a menores cometidos -y encubiertos- en las instituciones religiosas, de asistencia social del Estado y también en las educacionales.

En base a esta experiencia es que pido al Presidente de la República Sebastián Piñera, a los senadores y diputados del Congreso chileno y a las instituciones civiles a seguir el ejemplo de Australia y a constituir una comisión independiente de las iglesias y con peso nacional que realicé una exhaustiva investigación de los abusos sexuales a menores cometidos en las instituciones religiosas, educativas, de asistencia social y de beneficencia, entre otras.

Quiero reiterar y dejar en claro una vez más, que  mi testimonio, sumado a los testimonios públicos y a las cientos de voces silenciadas, ratifican desde Arica a Punta Arena una práctica cultural institucional de abuso sexual que fue encubierta y protegida por la complicidad cobarde del silencio en las instituciones religiosas.

Vale de muy poco que las iglesias pidan perdón si no asumen sus responsabilidades institucionales.  En este caso, el perdón de la jerarquía eclesial no tiene ningún valor si los individuos de esta institución siguen sin reconocer sus delitos y sin pedir perdón a sus víctimas, aunque deban ahora bajar su mirada avergonzada. Es una forma de perpetuar la ya obsoleta estrategia de esperar que gota a gota, denuncia a denuncia, sus personeros indefendibles sigan debiendo comparecer ante la justicia, incrementando así la larga nómina de impresentables por decisión del Vaticano.

Quiere recordar le a la Iglesia Católica que sus templos construidos con los aportes de la oligarquía criolla provienen del sufrimiento del campesinado chileno. Y que para compensar el daño provocado a tantos hijos de Chile, la Iglesia debiera echar a mano a esos bienes en un gesto que permita devolverles a los hijos de Chile lo que en justicia les pertenece.

Quiero también agradecer a todos aquellos que han hecho posible que hoy se abra el camino de la justicia y la verdad. Es un gran alivio para las victimas sentir la solidaridad de los ciudadanos que por fin se atreven a investigar y pedir justicia por los crímenes de abuso sexual a menores cometidos en las instituciones por muy poderosas o prestigiosas que haya sido.

Espero y abrigo la esperanza de que lo ocurrido en el juicio eclesiástico de Cristián Precht sirva para que la Iglesia Católica se haga humilde, se renueve en los verdaderos valores de Cristo y adopte todas las medidas necesarias para eliminar de raíz las prácticas anticristianas de abuso y acoso sexual por parte de sus consagrados.

Jorge Cantellano
Decanato Pudahuel Sur 1979

Vía: CIPER Chile

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