OPINION: El nuevo sistema de ingreso a las universidades: equidad y excelencia académica

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Son los estudiantes, en la calle, quienes han logrado lo que toneladas de estudios e informes presentados al CRUCh, publicaciones en revistas chilenas e internacionales y reuniones con ministros de educación de todos los colores que afirmaban que “ahora sí que si” nunca lograron: rescatar talentos.

A veces pareciera que en Chile nada cambia y que, aunque todos nos lancemos a la calle por un Chile mejor, nada mejora. Se que a mí al menos me inunda esa sensación cada cierto tiempo. Pero hay momentos, como esta semana, en que podemos tener certeza de que no es así. Chile sí está cambiando, y para mejor. El nuevo sistema de ingreso a las universidades del Consejo de Rectores (CRUCh) y las privadas asociadas al sistema es un ejemplo de ello.

Este año por primera vez el sistema de ingreso a las universidades incluye, además de la PSU y las notas del colegio (NEM), el ranking del alumno como elemento de selección. El “puntaje ranking” se otorga tomando en cuenta el promedio de notas del alumno en comparación con el promedio de notas de su colegio. En la medida que el promedio del estudiante se aleja del promedio de su colegio y se acerca al promedio máximo de ese colegio, el puntaje ranking asignado al alumno es mayor. En la práctica, todos los alumnos que se encuentren en el 50% superior del promedio de notas de su colegio recibirán una especie de bonificación, que será mayor mientras mayor sea la diferencia entre su promedio de notas y el promedio del colegio (aquí la explicación del cálculo del ranking). Quienes están en el top10 (aquellos que se encuentran en el 10% de mayor rendimiento de su colegio) serán los más beneficiados: su postulación a universidades que le quitaron ponderación a la PSU para incluir ranking (ponderado en un 10%) subirá en 13,7 puntos en promedio. En las universidades que reemplazaron NEM por ranking, su postulación subirá 8,3 puntos en promedio. (En la página www.turanking.cl puedes revisar tu ponderación considerando ranking para todas las carreras y universidades).

Uso del ranking y excelencia académica.

Si bien es cierto que entre quienes hemos abogado por estos cambios estamos siempre pensando en la inclusión y la justicia social, ese no es el mayor argumento para la inclusión del ranking en el sistema de acceso a las universidades. La bonificación ranking no es un premio por ser pobre, o por haber estudiado en un colegio público, es un premio por ser bueno. Y así lo han demostrado estos alumnos durante cuatro años, con los medios que tienen a su alcance.

Cuánto sabe un alumno al momento de entrar a la universidad es solo uno de los indicadores de que a un estudiante le irá bien en la universidad, y para eso ya tenemos la PSU. El ranking permite mejorar el sistema de selección incluyendo un nuevo elemento que refleja la habilidad de la persona de sobresalir entre sus pares, de aprovechar los recursos educativos que tiene a su disposición y su gusto y disciplina por el estudio. Quienes son top10 en sus colegios son aquellos que, dado cierto contexto educativo, han sabido sacarle el mayor provecho. En consecuencia, la combinación de PSU y ranking permitirá seleccionar a mejores alumnos, que en promedio obtendrán mejores notas y se titularán en mayor medida dentro de los años establecidos por las universidades (los estudios que avalan ésto se encuentran aquí y aquí).

Consistentemente, los alumnos top10 rinden mejor en la universidad que los alumnos que no eran top10, incluso cuando los no top10 vienen de colegios notoriamente mejores y entraron con muchísimo más altos puntajes PSU. En la PUC por ejemplo, aunque los alumnos de quintiles más ricos entran en mayor medida y con mayores puntajes PSU en promedio, cuando separamos a los top10 de los no top10 las diferencias en rendimiento dentro de la UC son de más de un 1 punto porcentual en notas (promedio). Pero más interesante es que los alumnos top10 del quintil más pobre que han ingresado a la PUC (muchas veces vía programas especiales) sacan consistentemente mejores notas que los no top10 de los quintiles más ricos. Los resultados son consistentes en distintas carreras. Por ejemplo, en ingeniería -sin duda una de las carreras más competitivas – el programa “Talento e Inclusión” permite ingresar a estudiantes top 7,5% de su colegio, de los cuatro quintiles de menores ingresos. Los promedios de los alumnos al primer año de carrera fueron iguales a el promedio de los últimos 200 ingresados por vía PSU, aún cuando sacaron hasta 60 puntos menos en la PSU. Resultados similares han encontrado distintos estudios en las distintas universidades nacionales altamente competitivas como la USACH y la Universidad de Chile, entre otras.

Ranking y equidad en el ingreso a la educación superior

La inclusión del ranking apunta directamente a la calidad, al mismo tiempo que ayuda innegablemente a la equidad. Tomando el sistema en su conjunto, se calcula que 98 mil alumnos subirían sus puntajes al incluir el puntaje ranking (todo quien esté por sobre la media de su colegio recibe algún punto de bonificación), pero quienes son top10 o top50 en colegios de elite no suelen tener problemas para entrar a la universidad que desean sin necesidad de bonificación. Quienes se verán mayormente beneficiados son aquellos alumnos que se encuentran en el 50% mejor de un colegio subvencionado o municipal, a los que la bonificación les significara una diferencia radical. Especialmente a los estudiantes top10.

Voy a volver al ejemplo de la UC porque son los datos que conozco más de cerca. Si el 2012 hubiesen usado la formula que se utilizará este año (o sea, con puntaje ranking) 396 personas que quedaron en lista de espera habrían ingresado a la UC (394 que entraron no habrían entrado, de un total de 4,754). Comparando los que entran con los que salen, la PUC habría tenido 35 alumnos más de colegios municipales (sin contar liceos de excelencia) y 113 alumnos más de colegios subvencionados (también hay alumnos de colegios privados con alta ponderación ranking que toman el lugar de otros alumnos de colegios privados con peor puntaje ranking). Más aún, entre los que habrían entrado, 89 tenían derecho a Beca de Excelencia Académica, lo que significa que estaban en el 5% superior de su colegio y sus familias pertenecían a los 4 quintiles más pobres. En contraste, entre los que habrían quedado fuera solo 3 portaban la BEA. De este modo, se espera que en las universidades que incorporan la variable ranking, especialmente cuando se le quita ponderación a PSU, el ingreso de estudiantes de los quintiles más pobres será mayor. Y vale la pena repetir: sin desmedro de la calidad del estudiantado.

Sin duda alguna, la incorporación del ranking no soluciona por completo el problema de equidad de la educación chilena. De partida, alumnos top10 de colegios con muy mala PSU no entrarán a ninguna universidad CRUCh aún cuando tengan 12 puntos de bonificación ranking. Para esos alumnos, sin embargo, existen ya numerosos programas estilo propedéutico. Estos programas buscan talento académico en los colegios en que nadie nunca ha logrado entrar a la universidad y los preparan para sobrevivir en una carrera universitaria demandante.

Hoy, existen de estos programas en casi todas las universidades más selectivas del sistema CRUCh, dando excelentes resultados (como ya expliqué en el caso de la UC, incluso mejores resultados que los que entran con PSU y no son top10). Pero estos programas son caros ya que los estudiantes requieren apoyo durante el primer año al menos (a diferencia de quienes entren por bonificación ranking). Y además, los propedéuticos son sólo un parche al problema de inequidad educativa de fondo. Un parche, sin embargo, tremendamente necesario mientras esa inequidad persista. Como país no podemos farrearnos 10 o 20 años de talento mientras nos ponemos de acuerdo en cómo solucionar problemas “de fondo”. Los propedéuticos son también una buena noticia, aún cuando sería mejor noticia que no fuesen necesarios.

Otro problema importante es que mientras el Aporte Fiscal Indirecto (AFI) esté asociado a los mejores puntajes PSU seguirá habiendo mucho rechazo en las universidades por la plata que se deja de ganar captando a esos alumnos. De hecho, fue solo cuando se creó el AFI (en 1980) que las universidades comenzaron a usar solo PAA para seleccionara sus alumnos, y agregaron NEM solo después que el CRUCh lo hizo obligatorio. Desde 1996 que se encuentra parado en el congreso un proyecto de reforma del AFI que reparte ese fondo 50/50 entre puntajes PSU y NEM, pero no ha pasado nada definitivo. El problema del AFI para el uso del ranking es importante ya que solo un tercio de los 27,000 mejores puntajes PSU (que portan AFI) son alumnos top10 en sus colegios. Algunos de estos alumnos tienen desde el 2006 la BEA, y esto ha facilitado sin duda la proliferación de programas propedéuticos, pero mientras la plata sigua a la PSU, muchos en las universidades solo querrán seguir PSU (ver por ejemplo, las universidades que decidieron quitarle ponderación a NEM para agregar un ranking y no a PSU).

Ranking y movilización estudiantil.

La inclusión de la variable ranking en nuestro sistema de ingreso es sin duda lo más relevante que ha ocurrido en Chile en términos de equidad en los últimos años. Serán aproximadamente 8,000 los estudiantes que entraran a carreras y universidades que sin ranking no podrían haber entrado. Sumemos a eso los propedéuticos que ya existen en más de 12 universidades sumando más de 1,000 vacantes a nivel nacional. Es decir, este año hay al menos 9,000 estudiantes en Chile que tienen una oportunidad que antes no existía, y que se merecen. Y la gran mayoría de estos estudiantes vienen de los quintiles más pobres.

Y quiero terminar recalcando que aunque muchos han abogado hace más de 20 años por la inclusión de la variable ranking en el sistema de ingreso universitario, es claro que si no fuera por las movilizaciones estudiantiles de los últimos años todavía estaríamos donde mismo. Son los estudiantes, en la calle, quienes han logrado lo que toneladas de estudios e informes presentados al CRUCh, publicaciones en revistas chilenas e internacionales y reuniones con ministros de educación de todos los colores que afirmaban que “ahora sí que si” nunca lograron: rescatar talentos.

Fue en el 2006 cuando el movimiento estudiantil primero alzó la bandera del ranking. Ese mismo año se lograron los cupos supernumerarios y las Becas de Excelencia Académica (BEA). Desde ahí, propedéuticos y programas de inclusión han florecido en distintas universidades, casi siempre con el apoyo y trabajo de la federación de estudiantes respectiva. Los estudiantes, a diferencia de nuestra elite política, han abogado sinceramente por mejorar las oportunidades para quienes vienen después de ellos. Se han preocupado que otros tengan oportunidades que ellos ya tuvieron, que los privilegios que los llevaron a ellos a estar donde están no se sigan perpetuando.

Hay mucha gente que estando de acuerdo con lo que piden los estudiantes insiste en que marchar y protestar “no es el modo”. Quizás marchar no debería ser la manera de lograr cambios sociales sobre los que existe un amplio consenso, pero desgraciadamente esta batalla por el ranking y la inclusión en educación superior ha dejado claro que vivimos en un país donde si no se marcha, no pasa nada.

Estudiantes movilizados, gracias totales.

Por: Magdalena Gil / Vía: ElDinamo.cl

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